El espíritu centrista de Adolfo Suárez sigue huérfano en España

Nadie pone en duda que el mayor acontecimiento político surgido en España en los últimos tiempos fue ese que hace unos años nos movilizó a casi todos los ciudadanos de este país, el nacimiento de dos nuevas formaciones que llegaban al escenario central con un mismo nexo común, un claro desafío a lo establecido. En España llevábamos hasta ese momento casi 40 años con una alternancia en el poder entre dos partidos, Psoe y PP, que aunque a día de hoy se mantiene ya empezaba a resultar agobiante e insultante. Tuvo que darse una conjunción de factores fatales en nuestro país, multitud de casos de corrupción unidos a una brutal crisis económica, para que la sociedad dijera basta y pusiera un remedio a tanto despropósito. ¿O no fue la sociedad la que tomó esa decisión?. Al principio creímos que sí. Esas inmensas manifestaciones del 15 M nos dieron que pensar que sí, que todo provenía de abajo. Hoy tengo serias dudas sobre quienes fueron los verdaderos impulsores de lo que hoy conocemos todos por Ciudadanos y Podemos. Más aun viendo cómo se han venido desarrollando los acontecimientos de un par de años hacia aquí y los caminos que cada uno de estos dos partidos ha tomado.
En cualquier caso, aquel momento histórico nos vino muy bien a todos para descubrir que no sólo podíamos funcionar con más partidos políticos además de los dos que siempre habíamos conocido, sino que nos fuimos dando cuenta de que tanto Psoe como PP habían actuado con absoluta impunidad durante muchos años de sus respectivos gobiernos, convirtiendo la labor de los grandes artífices de la Transición en papel mojado, y aprovechándose de la Democracia de una manera tan ruin que han terminado por desangrarla y hacernos dudar a millones de españoles de su verdadera solvencia. Así de triste ha sido durante tantos años que todavía me cuesta entender como somos capaces de votar a ninguna de estas formaciones mientras en ellas esté ni uno sólo de los políticos que formaron parte de este expolio nacional.
Los dos partido políticos nuevos, Podemos y Ciudadanos, llegaron impolutos y rápido, muy rápido. Tan rápido que casi ninguno nos pusimos a valorar su verdadera trayectoria, ni de donde procedían. Estábamos en España tan necesitados de aire fresco que ni siquiera les miramos el dni. Casi nos daba igual. La necesidad de cambio era tan imperiosa que había que sacar a este país de la uvi en la que cual tanto socialistas como populares, cada uno a su manera, nos habían metido. Y ya sabemos que todo lo que sube rápido, baja a la misma velocidad.
Hoy ya no engañan a nadie, o al menos a nadie más. Ya han defraudado bastante a un altísimo porcentaje de los que en ellos confiaron. Ojo, y lo digo con una gran resignación. Podemos y Ciudadanos nacieron para lo mismo, eran productos prefabricados, hoy vemos que no nacieron desde ninguna base social. Eran productos de laboratorio perfectamente ingeniados. Había que asustar tanto a la izquierda como a la derecha de este país, hacerles ver que no estaban solos y que podían perder sus pingües beneficios sino espabilaban. Era una estrategia diseñada por los de arriba para seguir mandando. Y lo consiguieron, eligieron el momento oportuno, se volvieron a aprovechar de la máxima precariedad de las personas, y cuando peor lo estábamos todos pasando parieron el proyecto. Podemos tenía que asustar por la izquierda y Ciudadanos por la derecha. Hoy el proyecto, ese producto de laboratorio prefabricado, se les ha ido de las manos. Podemos ya no hay quien lo controle y se ha convertido en un verdadero problema para este país, aprovechándose de la ignorancia y necesidad de varios millones de españoles. Ciudadanos es una mala copia de un PP en absoluta decadencia. Una decadencia tan agresiva que pierde puntos de intención de voto en el último sondeo publicado cuando mejor está empezando a encontrarse el país, lo que deja entrever muy a las claras lo que siempre he defendido. España funciona a pesar de sus políticos. Los españoles ya no estamos atentos a quienes nos gobiernan, nos es indiferente lo que digan y lo que hagan. Así de fuerte, pero así de real.
Hoy, políticamente hablando, estamos igual que estábamos hace un lustro pero con una diferencia, en vez de tener dos partidos que se alternan el poder como si de un juego se tratase, tenemos a cuatro en el tablero, por lo que todavía se ha complicado todo un poco más. Lo pena que nos queda es pensar que si alguno de aquellos partidos nació con la intención de recoger el espíritu de centro que tantos millones de españoles añoran desde la desaparición del mejor presidente que ha tenido este país, encarnada en la figura de Adolfo Suárez, hoy vemos que aquella ilusión ha durado lo mismo que tarda en disolverse un azucarillo en un café.
El último sondeo del CIS nos da unos datos pero sobre todo nos da unas claves, que es lo que de verdad hay que saber leer. Un PP que baja a pesar de que el país recupera puestos de trabajo y tiene el mayor índice de crecimiento de toda Europa. Un Psoe, al que todos los medios de comunicación habían enterrado, recupera nada menos que cinco puntos, y los dos partidos emergentes se quedan igual que estaban o bajan. Es decir que la gente ha dejado de creer en un PP plagado de manera superlativa e infinita de casos de corrupción que han obligado a todo un Presidente del Gobierno a declarar en un banquillo y que a pesar de esa importante pérdida en intención de voto, Ciudadanos no sólo no lo sigue recogiendo, sino que también baja en porcentaje de intención de voto. Y dos partidos de izquierda que se disputan el voto de los millones de españoles que, pase lo que pase, siempre se mantendrán fieles a esos ideales, algo que tampoco he entendido nunca.
Volvemos a estar como al principio, sigue faltándole a este país la capacidad de recuperar el espíritu centrista de Adolfo Suárez. Un partido que se aleje de los extremos, que nazca desde la sociedad y no desde ningún laboratorio, ni ideado por ningún putrefacto cerebro. Que no llegue para asustar a nadie, sino para unir a muchos millones de españoles necesitados de recuperar la ilusión por la democracia. Que puedan ir a votar sin ponerse la pinza en la nariz. Que deje hacer a la gente, toda vez se ha demostrado que este país no necesita más burocracia sino mayores libertades para poder progresar, aboliendo tantas y tantas trampas que impiden el progreso diario. Ya tenemos alguna prueba reciente en Europa, y lo digo antes de que nadie saque la precipitada conclusión de que soy un ilusionista. Todo lo contrario, simplemente es que todavía confío en la capacidad de reacción de mi poderoso país.

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