¿Hemos aprendido la lección los españoles?, por Leopoldo Bernabeu

Es la pregunta que, de manera obsesiva, me hago casi cada día desde hace un par de años. Después de haber pasado los peores diez años que muchas generaciones recordaremos, ¿hemos aprendido la lección?. Cada vez que se publican los datos sobre la cantidad de hipotecas que los bancos vuelven a dar, el incremento de viviendas que se vuelven a empezar a construir o como batimos mes tras mes la venta de vehículos, se me ponen los pelos de punta. Y no es que me haya vuelto un pesimista redomado que no quiere ver en esos datos la reactivación del deprimido sector o la vuelta a la normalidad, como dicen todos aquellos interesados en que esto sea así. Sucede que recuerdo como si fuera ayer, porque fue ayer, cuando decenas de miles de familias se quedaban sin trabajo, a continuación sin poder pagar sus hipotecas, perdían sus casas y muchas de ellas se veían en la calle con sus hijos en la más absoluta mendicidad.

Y me da miedo porque entre esas interesadas cifras que con alegría nos ofrecen casi cada día sobre la galopante recuperación, siguen existiendo otras tantas que no nos quieren dar. Esas que hablan de que todavía hay más de tres millones y medio de personas que no tienen trabajo en este país, que siguen habiendo miles de familias que se alimentan gracias a Cáritas y otras organizaciones de apoyo y que, atención al dato, ya estamos produciendo en España lo mismo que antes de la crisis pero con dos millones de puestos de trabajo menos, lo que avanza una etapa nueva y desconocida pero con nubarrones que parecen haber llegado para quedarse.

¿Hemos, por tanto, aprendido los españoles la lección que nos ha dado esta impresionante crisis?, yo creo que sólo a medias. Hay una clase social, los más jóvenes, que hace diez años sólo eran críos y es normal y casi natural que no la recuerden, y hay otro conjunto importante de españoles, los de memoria frágil y por tanto los más débiles ante la voracidad insaciable del capitalismo desalmado, que se olvida de los problemas a la misma velocidad que del título de la última película que ha visto en el cine. Y como todos vamos subidos en el mismo carro, a los que sí recordamos esta crisis brutal como si fuera ayer, se nos ponen los pelos de punta cuando vemos la alegría con la que muchos reciben estas noticias sobre una realidad que sólo afecta a los que la producen, pues a los demás nos parece el inicio de lo que podría volver a ser la repetición de la peor pesadilla que jamás hayamos tenido. Al tiempo.

Los economistas, esos sabios de salón que predicen las cosas cuando ya han pasado y que forman parte del grupo de magos de pacotilla que nos metieron a todos en esa crisis que a ellos nunca salpicó, son los mismos que ahora, diez años después, y por arte de birli birloque, nos dicen que ya hemos salido, que ya está superada. Cojones, que facilidad para entrar y salir de la boca del lobo. Todavía me hierbe la sangre cada vez que recuerdo la noticia que apareció en todos los medios de comunicación españoles a mediados de Junio y que, como si la cosa no tuviese miga ni recorrido, al día siguiente desapareció de los mismos y por tanto, también de las conversaciones. No interesaba que se hablara mucho de este tema a todos esos que cortan el bacalao en este país.

Me refiero al dato que nos soltó nuestro querido ministro de hacienda, cuando nos recordó que de los 77.000 millones de euros que todos los españoles prestamos a los bancos, sin pedirnos permiso y autorización a ninguno de nosotros, para que no quebraran fruto de su pésima gestión a la hora de repartir dinero entre sus empresas amigas, nos dijo después que sólo vamos a recuperar un diez por ciento. Y se queda tan pancho, y no pasa nada, y la noticia ahí se queda, y no se ha vuelto a hablar del tema, y a los españoles nos da igual, ¿pero qué  está pasando en este país, tan revolucionario para otras cosas?, nos acaban de perpetrar el robo más grande que se ha llevado a cabo en democracia en nuestro país delante de nuestras propias narices y ¿nadie dice nada?...

Recuerdo a todos cuantos lean este artículo que con esos 77.000 millones de euros de todos nosotros, el Gobierno de Rajoy decidió salvar a unos bancos, empresas privadas por si alguien no lo sabe, que habían demostrado una lamentable y pésima gestión a la hora de gestionar los recursos de sus clientes. ¿A cuántas medianas y pequeñas empresas, de las más de dos millones que quebraron por culpa de la crisis que generaron esos mismo bancos, rescató el gobierno de Rajoy con dinero del resto de españoles?, ¿han perdonado esos mismos bancos, los que no nos van a devolver a todos los españoles los 70.000 millones de euros que nos deben, los créditos e hipotecas a todos esos ciudadanos que no pudieron hacer frente precisamente porque no les pagaron a ellos tampoco?, ¿Por qué un banco decide no devolver un préstamo y no le pasa nada, mientras cualquier español que hace lo mismo pierde la casa y le embargan casi de por vida?. ¿No es este, de verdad, el mayor atraco que ha perpetrado el estado central a sus propios ciudadanos?. La prueba de fuego es si hemos aprendido la lección. Hoy están sentados en el Congreso de los Diputados los mismos que vieron venir la crisis y no hicieron más que echar gasolina al fuego y los mismos que han permitido que estos ladrones de guante blanco no nos devuelvan 70.000 millones a todos los españoles. ¿Les vamos a volver a votar en 2019?...mucho me temo que sí porque nuestra memoria deja mucho que desear.

La crisis tiene que habernos servido para algo. Es evidente que la vida sigue y hay que seguir viviendo. Respeto que todos queramos volver a tener la vida que teníamos antes de que unos cuantos nos metieran en un agujero que se ha llevado empresas, familias y hasta muchas vidas por delante. Comprendo que nuestros hijos no tengan por qué vivir con los miedos que esos cuantos nos han creado a unos muchos, pero no permitamos que nos toreen y se rían de nosotros en nuestra propia cara. Tenemos mecanismos para cambiar las cosas. Mientras no se demuestre lo contrario, la Democracia es la mejor herramienta de la que nos hemos dotado los españoles para cambiar las cosas. También durante esta crisis nos quisieron hacer creer que llegaban nuevas fuerzas políticas, las del cambio nos decían. Hoy vemos que sólo era el espejismo ficticio que se creó en el mismo laboratorio que la propia hecatombe. Ya sabemos que los que crean un buen detergente, también fabrican su propia marca blanca para que compita contra él y nadie se pueda entrometer en su cuota de mercado.

En la crisis eso es que pasó. Los mismos que crearon el veneno, políticos y banqueros, crearon sus propio antídoto, nuevos partidos políticos, Podemos y Ciudadanos, para que todos creyéramos que estábamos ante la solución. Hay que reconocer que aquellos que nos controlan, que mueven nuestros hilos, son sumamente inteligentes

Hoy, diez años después, nos venden que la crisis ya ha terminado a la misma velocidad con la que se vuelve a afianzar el bipartidismo, ¿les suena la película?. Una vez superado el veneno ya no hace falta el antídoto. Entramos en una nueva fase de la historia de España, la más importante desde aquella en que la Transición nos sacó de la Dictadura y nos metió en la Democracia. Una palabra sagrada que está en serio riesgo, no por su propia supervivencia sino por su clara manipulación. Los que controlan el cotarro también manejan los resortes de la democracia, conocen mejor que nadie sus vericuetos y sus debilidades. Nos tiene a todos adormecidos. Sólo espero que sepamos despertar a tiempo.

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