Contra Pedro Sánchez, la corrupción y los desvaríos…

El terremoto político en Andalucía sólo ha hecho temblar los cimientos de quienes estaban tan acostumbrados a vivir en el fango, que jamás habían pensado que este escenario podría llegar

Leopoldo Bernabeu


En política no hay mayor ciego que el que no quiere ver. Aunque tratándose de los personajes políticos que a esta generación nos ha tocado vivir, uno ya no sabe cuándo dicen la verdad, cuando mienten o simplemente cuando desvarían en su locura celestial. Lo sucedido este pasado domingo en las elecciones andaluzas sólo ha sorprendido a aquellos que nunca quisieron ver que el tsunami se acercaba, y eso que lleva ya tiempo avisando. El problema es que esos cuantos, no muchos, hacen demasiado ruido y nos confunden. Cualquier ciudadano español que haya leído, escuchado o visto informativos en el día de ayer, habrá pensado que media España se había levantado contra ese resultado democrático decidido libremente por los millones de andaluces convocados a las urnas. Aquellos que se han permitido la sublime barbaridad de decir que hay que blindarse contra estas hordas que llegan, tildándolos de extrema derecha y de fascistas, no son más que el verdadero cáncer de esa casta política tan corrompida, que son incapaces de ver más allá de sus propias vergüenzas. De haberse producido un resultado favorable a quienes el pueblo mandó a la oposición, habríamos escuchado que ese mismo pueblo es sabio, pero como han ganado aquellos que llevan casi 40 años soportando miseria y corrupción, pues hay que avisar a los ciudadanos de que viene el lobo. Siento tal nivel de vergüenza interior que me abochorna, al igual que a millones de españoles, pensar que esta caterva de aprovechados y analfabetos políticos sigan estando un día más con capacidad de poder.

El terremoto político en Andalucía sólo ha hecho temblar los cimientos de quienes estaban tan acostumbrados a vivir en el fango, que jamás habrían pensado en que este escenario podría llegar. Los andaluces han votado contra tres elementos, algo que por cierto no he leído en ningún medio. Contra Pedro Sánchez, contra la corrupción y contra los desvaríos. Contra ese Presidente del Gobierno que ha entrado en el poder como un elefante en una cacharrería, mintiendo a diestro y siniestro, aliándose con lo peor de este país, con esos que pretenden separarnos y dividirnos. Un Presidente que ayer mismo se fue a Polonia en un claro mensaje de “esto no va conmigo” y dejó aquí a su número dos para decirle a Susana Díaz que está invitada a marcharse.

Contra una corrupción generalizada en todo el territorio andaluz, pues a Susana Díaz sólo le votaron este domingo los andaluces que viven del sueldo público, y si no me creen sumen ustedes y a ver qué cifra les sale entre funcionarios, pensionados, el Per y resto de mamandurrias que se pagan con los mismos fondos que utilizan los separatistas en Cataluña para dividirnos. Y también votó contra los desvaríos de un Podemos que no sólo ha producido rotos difíciles de coser en varias generaciones allá donde gobierna, sino que están tan divididos que en cada región se presentan con un nombre diferente. Qué impotencia me produjo escuchar al mismo Pablo Iglesias que se reúne en cárceles con aquellos que quieren romper España, tildar a los andaluces de borregos porque habían votado lo que a él no le gustaba.

Un partido que recupere el estilo, la templanza y el orgullo que a todos nos inculcó Adolfo Suárez

¿De verdad VOX sacó más diputados de los que se esperaban? Hombre, si al que se lo preguntan es a Tezanos, ese señor que con nuestro dinero teledirige las encuestas del CIS hacía el magnánimo de Pedro Sánchez, pues sí. Pero al resto de andaluces y españoles No. Cualquiera de los 46 millones que somos, en cualquier conversación de bar, entre amigos o familia, llevábamos escuchando el avance de VOX desde hacía ya demasiados meses. Y esto, aunque no me alegra en absoluto, es el resultado, el fruto, de unas políticas de abandono del pueblo español, sus necesidades, su honor y su decencia. Culpa de todos.

Andalucía ha votado contra lo establecido, de igual manera que España votó contra lo establecido hace unos años. La crisis económica aupó en su momento a un movimiento llamado 15 M que derivó en un partido político llamado Podemos. Y España, cansada del bipartidismo corrupto votó a Podemos, pero no porque los conocieran o les gustara, sino simple y llanamente porque no querían que siguiera lo mismo de siempre, aquello que les había traído pobreza y corrupción.

Ahora se ha repetido la historia y España, representada en Andalucía, ha votado contra la situación y el hastío. No ha votado a Vox, ha votado contra la política suicida de Pedro Sánchez, contra la corrupción sistémica de Andalucía y contra las políticas desnortadas de Podemos. Vox es sólo la consecuencia. Quiero recordar que ya hace años predije que Podemos era un proyecto que tiende a la desaparición, a convertirse en un proyecto residual. Díganme hoy si ando equivocado. Y mucho me temo que, aunque hoy estas palabras puedan parecer suicidas, Vox será un proyecto al que le sucederá lo mismo en el momento que este país recupere la cordura y no tenga que defenderse de sí mismo. Nos sigue faltando un proyecto político de centro que recupere la concordia, la sensatez y la cordura, un proyecto nuevo, con gente nueva, preparada y con sentido de Estado. Un partido que recupere el estilo, la templanza y el orgullo que a todos nos inculcó Adolfo Suárez. Un proyecto político que afronte la urgente, imprescindible y necesaria segunda Transición Española.

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